domingo, abril 08, 2007

viajando con mochila

  • Inmensa libertad

    Por Eliván Martínez Mercado / De Viaje
    Río de Janeiro, el inicio de una aventura en solitario, sin agenda ni horarios preestablecidos
    El boricua Ernesto Machado, de 28 años, está haciendo el viaje más ambicioso de su vida. Cansado de su rutina como consultor de computadoras e internet en el estado de Ohio, lo dejó todo en diciembre pasado para irse a viajar por Suramérica, con la mochila en la espalda. A pie, en autobús y en avión, y no descarta montarse hasta en canoa. Se aloja en posadas, en hoteles baratos o donde lo coja la noche.
    Destino inicial: Río de Janeiro. Visitó lugares turísticos que no son tan obvios para un boricua de paso por la ciudad. Disfrutó de un partido de fútbol en el Estadio Maracanã, uno de los más grandes del planeta (con 103,022 asientos), donde pudo ver la emoción desaforada de los espectadores. Experimentó la vida nocturna en el barrio Lapa, en busca de samba de alto calibre, en el Clube dos Democraticos. Y se regaló un helado en la Confeitaria Colombo, famosa por sus postres y su bella arquitectura colonial portuguesa.
    Su travesía incluye visitas a lugares más comunes para un turista, como las playas de estas ciudad brasileña, con sus cuerpos esbeltos en bikini. Subió al monte Corcovado, donde se encuentra la escultura del Cristo Redentor (el mochilero lo imita en la foto de portada), y desde donde se domina todo el bello panorama de la ciudad.
    Se trata de una modalidad independiente de viaje, en la que no tiene que rendir cuentas a nadie. Objetivo: encontrarse a sí mismo, aprender el modo de vida de una cultura, mejorar una lengua extranjera o lo que a usted mejor le plazca. Y, aunque el trayecto está abierto a lo inesperado, requiere una planificación importante.
    Este es el inicio de la serie Mochilear, en la que Machado explicará todos los meses cómo hace este viaje, y cuenta sus vivencias en Brasil y otros países en Suramérica. La idea es que usted obtenga algunas claves para su propia aventura. ¿Está listo para dejarlo todo y tomar el camino menos pensado?
    Comentarios a emartinez1@elnuevodia.com

  • Aventura memorable

    Por Ernesto Machado / Especial para De Viaje
    Cómo dejarlo todo, empacar bien la mochila y descubrir a Suramérica solo
    Yasí comienza: 36 horas de viaje y tres aviones para llegar al destino final, de San Juan a Río de Janeiro, con escalas en Nueva York y São Paulo. No es el más fácil de los trayectos, pero forma parte del esfuerzo al cual todo mochilero debe acogerse. El viajero independiente precisa de colmarse de flexibilidad y paciencia: flexibilidad para tomar un vuelo largo (con tal de ahorrar dinero en el pasaje), y paciencia para sobrevivir la travesía.
    Yo soy uno de esos nómadas. En noviembre de 2006 renuncié a mi trabajo de consultor de informática, vendí mis pertenencias y un mes después abordé un avión hacia Suramérica sin fecha de regreso. ¿Cómo llegué a la decisión de mochilear en Brasil? Todo comenzó hace casi diez años cuando partí a estudiar a Colombus, la capital del estado de Ohio. Allí conocí a muchos amigos de América Latina y del mundo entero, lo que alimentó mi apetito por viajar. Durante ese tiempo en Estados Unidos descubrí la capoeira, un arte brasileño que mezcla defensa personal, baile y música. Me abrió las puertas a la cultura de Brasil, aumentando mi deseo por conocer el país.
    Un año antes de terminar mi bachillerato, sin embargo, preferí ir a Europa, y compré un boleto a Madrid. Durante tres meses recorrí España, Francia y Portugal por cuenta propia. Fue una experiencia única, y un tipo de entrenamiento para este viaje que hoy emprendo.
    El reto de ir a Suramérica es enorme para el viajero. Quien desea conocer todo el continente tiene que recorrer vastas distancias y enfrentarse a una infraestructura turística en desarrollo.
    Cualquier viaje de este tipo, sin importar el continente, requiere meses de planificación. Es un viaje independiente, sin itinerario fijo, sin guía turístico y sin fecha de regreso. Sin embargo, estas cualidades no implican que sea una decisión repentina. Son muchas las interrogantes que se deben considerar al planificarlo. ¿A dónde quiere ir? ¿Cuál es su presupuesto? ¿Cuánto tiempo tiene para viajar? ¿Conoce algún idioma? Y las respuestas dependerán de cada individuo.
    Algunos viajeros buscan estar rodeados de museos, arte y música; otros quieren playas, ríos y montañas. Unos prefieren pasar un día en cada ciudad, visitando muchos lugares en poco tiempo; y otros pasar varios días o semanas en el mismo sitio. Algunos disfrutan de acampar y otros la comodidad de un hotel. Unos viajan con una fortuna y otros buscan gastar lo menos posible. Algunos desean aprender un idioma o, como en mi caso, conocer más a fondo la cultura de un país. Lo importante de este tipo viaje es que las reglas y los itinerarios los hace usted.
    ¿Cómo decidir tantas cosas? ¿Cómo planificar? La clave es educarse. Existen series de libros para viajeros independientes como Lonely Planet y Footprint. Internet ofrece la oportunidad de intercambiar experiencias y dialogar con otros viajeros a través de páginas como VirtualTourist.com. Mis decisiones para comenzar mi travesía suramericana en Brasil fueron influidas grandemente por amistades de ese país, pues no hay mejor opinión que la de quien lo conoce.
    Al buscar información del destino, considere dos elementos imprescindibles: alojamiento y transporte. En algunos lugares podrá acampar, siendo ésta la opción más económica, mientras que en otros será mejor dormir en posadas u hoteles, según su presupuesto. Existen albergues, en los cuales podrá conocer fácilmente a otros viajeros, aunque algunos de esos establecimientos imponen restricciones de edad. Dependerá de su preferencia y del lugar donde se encuentre. Lo esencial es informarse.
    La transportación dependerá de dónde usted esté. En Europa, por ejemplo, existe una extensa red de trenes y autobuses, y su decisión final podrá basarse en el horario de partida o el precio. También hay aerolíneas de bajo costo, que pueden ofrecer trayectos más baratos. En Suramérica, por el contrario, existe tan sólo un puñado de trenes activos, por lo que el asfalto y los cuerpos de agua son las vías principales de transporte. Algunos recorren el mundo en motora, bicicleta o a pie. La decisión es del viajero, por supuesto, pero siempre depende de su situación y preferencias.
    Viajar contra las manecillas del reloj
    Luego de decidir el destino y tener una idea de la ruta, llega la hora de empacar. Para este tipo de viaje se recomienda una mochila de expedición con andamio interno (el armazón que da soporte está dentro), lo que ocupa menos espacio y es más fácil de llevar dentro de un autobús, avión, tren o en lugares donde hay poca libertad de movimiento.
    Empacar es un paso difícil, pues usted tendrá que cargar con mucho menos de lo que está acostumbrado a tener. Un viejo refrán en la comunidad de mochileros dice así: “Lleva la mitad de la ropa y el doble del dinero de lo que crees necesario”.
    Cargue con ropa fabricada con fibra sintética, pues se seca más rápido que el algodón, y así no tiene que cargar en la mochila con piezas de vestir mojadas. Y para no llevar vestimenta pesada y que ocupa mucho espacio, como sucede con la ropa de invierno, programe su llegada a los destinos para cuando no hace frío. Tomando esto en consideración, estoy viajando contra las manecillas del reloj: me encuentro en el hemisferio sur durante el verano (enero y febrero en Puerto Rico) y me dirigiré en dirección al Caribe mientras se aproxima el invierno.
    El mochilero debe escoger cuidadosamente su calzado. ¿Va a explorar ríos y montañas? Lleve botas livianas e impermeables. ¿Va a caminar las ciudades y conocer sus museos? Lleve zapatos cómodos para caminar, pero presentables para salir de noche. Hay que ser creativo a la hora de empacar y éstas son sólo algunas estrategias para ahorrar espacio.
    La seguridad siempre es importante. Varias compañías las proveen seguros a los viajeros, lo que parece innecesario, pero agradecerá tenerlo si ocurre algún percance con su salud o sus pertenencias. Por supuesto, el viajero debe cuidar de sí mismo, llevando cualquier medicamento con receta que necesite y un pequeño equipo de primeros auxilios. Sin embargo, no es necesario llevar una farmacia en la mochila.
    Finalmente, lleve un libro guía que provea información del país o la región donde usted se encuentra. Mantenga una lista de teléfonos importantes, que incluya el número de la embajada más cercana y contactos de emergencia. Si sus planes cambian o si necesita más detalles, podrá visitar una oficina de información turística, una librería o una estación que ofrezca servicios de internet. Recuerde que lo más importante que debe llevar es la paciencia y la flexibilidad para modificar sus planes si es necesario.
    Gracias a esa flexibilidad fui capaz de viajar a Río de Janeiro por un precio módico, a pesar de tener que colmarme de paciencia para sobrevivir el largo viaje. Y es aquí, en la famosa “ciudad maravillosa”, donde comienza mi travesía.
    Comentarios a deviaje@elnuevodia.com
  • "No me tengan envidia”

    Por Eliván Martínez Mercado / De Viaje
    Ernesto Machado, mochilero boricua en Brasil

    Trabajaba en Ohio metido en un cubículo, como consultor de una compañía que da servicios de computadora e internet hasta que decidió dejarlo todo. Empacó la mochila y se fue a viajar por Suramérica. Solo. No tiene que rendir cuentas a nadie cuando toma el camino que le da la gana.
    Ernesto Machado, de 28 años, comenzó su aventura en diciembre pasado en Río de Janeiro, y ya ha visitado varias ciudades en los estados brasileños de Bahía y Minas Gerais. No sabe a ciencia cierta en qué país va a parar, pero sospecha que será en diciembre próximo. Responde a estas preguntas en un correo electrónico enviado desde la posada donde se hospedó en la localidad de Lençois (Bahía), y cuya dueña -que se había hecho su amiga- lo había dejado a cargo de la recepción.
    ¿Qué te dio con empezar este viaje?
    Por más que suene a cliché, necesitaba perderme para encontrarme.
    ¿Qué virtud o defecto se necesita para emprenderlo?
    Yo creo que no se puede ser conformista. Tienes que odiar la rutina. Si eso es defecto o virtud dependerá de cada persona.
    ¿Tus amigos de escuela superior y de universidad piensan que estás loco?
    Están locos por recibir mis noticias y fotos. Tengo algunos amigos que hasta quisieran unirse a mí en algún punto del camino.
    ¿Que extrañas de tu vida anterior?
    Mi cama. Cuando uno viaja la espalda tiene que acostumbrarse a las nuevas, diferentes y, por lo general, incómodas camas.
    ¿No te sientes solo?
    Sí, muchas veces. Pero más solo me sentía en mi cubículo.
    ¿Qué te da miedo?
    Querer quedarme en algún lugar y no poder pasar más de seis meses en el país por cuestiones de ciudadanía y de emigración, entre otros aspectos.
    ¿Cuál ha sido la experiencia más difícil y cómo la has resuelto?
    Sufrir de bronquitis en Salvador de Bahía. Afortunadamente tenía un lugar bueno donde quedarme y pasé una semana en cama, bajo antibióticos y otras medicinas.
    ¿Por qué no sientas cabeza y vuelves a casa?
    Porque la oportunidad para hacer esto es ahora. Casado o con hijos no podría viajar así. A los 60 o 65 años, ya retirado, tampoco podría hacer muchas de estas cosas.
    ¿De qué sirve tu apariencia de nene bueno?
    Me hace bien porque muchas personas piensan que tengo 20 o 21 años y me tratan como un joven y no como un adulto. Me hace mal porque atraigo a mujeres adolescentes, y muchas veces menores de edad.
    ¿Qué oportunidades tienes de bañarte como Dios manda?
    Me baño; en eso no hay problema. El problema es la ropa, que muchas veces lavo a mano y no siempre termina limpia “como Dios manda”.
    ¿Cuál ha sido la enseñanza más importante de esta aventura?
    La simplicidad de la vida. Uno no necesita todo lo que tiene o todo lo que quiere.
    ¿Qué libros llevas en la mochila?
    La guía de viaje ‘Footprint South American Handbook’, ‘Memorias póstumas de Brás Cubas’, de Machado de Assis, y un libro de cuentos de Ernest Hemingway. Según termino lo que leo, los regalo y consigo otros.
    ¿Qué no habrías empacado?
    Un enorme aparato de metal como una telaraña con el cual se envuelve la mochila y sirve como candado. No lo he necesitado aún y pesa que no tienes idea.
    ¿Cuáles son los trucos principales para estirar el dinero?
    No comas en restaurantes turísticos. Si el menú está en más de un idioma, vete. Busca un restaurante donde coman los locales. Seguramente será más típico y más barato. Puedes hasta comprar pan, jamón y queso en supermercados y ahorrar bastante. Segundo, toma autobuses de noche. Duermes en el autobús y te ahorras el costo de un albergue o posada.
    ¿Qué le dirías a tus familiares y amigos?
    Que no me tengan envidia; que ellos también pueden hacer lo que estoy haciendo। Y que no se preocupen por mí। Siempre habrá peligros, sea en Río de Janeiro o en San Juan.

  • Pasos únicos

    Por Ernesto Machado / Especial para De Viaje
    La emoción del fútbol, salidas fragorosas en la noche y los bocados de moda en Río de Janeiro
    Uno de los aspectos más impresionantes de Río de Janeiro es sus contrastes. Pobres y ricos. Playas y montañas. Belleza natural y violencia.
    Río de Janeiro representa una de las ciudades más caras en Suramérica. El viajero más frugal, experto e inteligente tendrá problemas si quiere gastar menos de $50 diarios. Afortunadamente, es una ciudad con un excelente sistema de transportación pública, por lo que el mochilero podrá explorarla en metro o autobús. Y caminando. Como toda gran ciudad, sin embargo, es recomendable tomar taxi de noche por motivos de seguridad.
    La ciudad se conoce por cinco cosas: el carnaval, una de las fiestas más grandes del planeta; las playas, con sus pequeños bikinis; la estatua del Cristo Redentor, en la cumbre del monte Corcovado; el cerro Pão de Açúcar, que adorna la entrada de la bahía; y, lamentablemente, el crimen y la violencia. Pero, si quiere conocer lugares menos turísticos, la mejor estrategia es hablar con los residentes, los cariocas, que conocen mejor la ciudad.
    “¿Quiere comerse el mejor helado que probará en su vida?”, me dijo Leticia Rumjanek, amiga desde hace años, que me llevó a la Confeitaria Colombo, famosa por sus helados y postres. Quedé impresionado por la bella arquitectura colonial portuguesa del establecimiento. Me volví cliente frecuente. También me convertí en asiduo de los lugares que sirven emparedados, como Cervantes, en el barrio de Copacabana, y el Bip Bip, en el barrio de Leblon. Fue fácil integrarse a la moda juvenil de reunirse al final de la tarde a comerse un sándwich (pronunciado ‘san-wi-shi’), acompañado de un jugo natural. ¿Mi preferencia? El de pollo y queso tradicional catupiry, con un jugo de piña y menta.
    El mayor inconveniente durante mi visita a Río de Janeiro fue el clima. Había llegado en medio de un verano lluvioso, pero afortunadamente la ciudad tiene opciones para estos días. Existen decenas de iglesias de la época colonial que visitar, pero la más llamativa es la enorme y moderna Catedral Metropolitana, que aparece en medio de la ciudad como un volcán de concreto o una nave espacial capaz de dispararle al cielo. De la larga y variada lista de centros culturales, el Museo Folclórico Edson Carneiro fue el más impresionante. Contiene una extensa colección que presenta las diversas culturas, religiones y grupos étnicos del país.
    Cae el sol. El barrio Lapa, hasta hace poco un área peligrosa y olvidada, está experimentando un renacimiento para la vida nocturna. “Cada lugar siempre va a tener un problema”, me dijo Diogo Martins, uno de los primeros lugareños que conocí, mientras hacíamos la fila en las afueras del Clube dos Democraticos. “Este lugar no tiene aire acondicionado, pero la música es buena, el ambiente excelente y la cerveza barata”. Y Diogo no mentía: al son de un grupo de ocho músicos que tocaban samba el público se entretenía bebiendo, bailando y sudando.
    No me podía marchar de Río sin asistir a un partido de fútbol en el famoso Estadio Maracanã. “Con el caos que habrá allá adentro es mejor no traer nada, mucho menos su cámara”, me advirtió André Rumjanek, el hermano menor de Leticia. Y sus advertencias no fueron en vano. Antes de entrar al estadio ya estábamos bañados en sudor y cerveza, y rodeados de 50,000 espectadores. Cada uno se vivió el partido con una pasión que me sobresaltó. Presencié cómo un fanático pateó su silla con tanta frustración y violencia que la hizo volar hasta golpear a otro espectador. Casi estalla una pelea, pero ambos iban vestidos de rojo y negro, apoyando al mismo equipo, y las tensiones se apaciguaron.
    Fue imposible no visitar la belleza natural de Río de Janeiro. Desde la cumbre del cerro del Corcovado, a 2,329 pies de altura, se encuentra la escultura monumental del Cristo Redentor, que parece vigilar la metrópolis. Yo quise imitar al Cristo, subir a un muro en la cima de Corcovado y abrirle mis brazos a la enorme ciudad. El monte Pão de Açúcar se encuentra en la entrada de la Bahía de Guanabara. Aunque su altura es poco más de la mitad de Corcovado, el paisaje no deja de ser estupendo. “Tienes que presenciar un atardecer desde el Pão de Açúcar”, me había sugerido Leticia varias veces. El paisaje nocturno fue imponente, presencié cómo las luces de la ciudad poco a poco nacían hasta eventualmente iluminar todas las calles, edificios y playas.
    Cuando el sol brilla fuerte las playas se vuelven la atracción principal para cariocas y turistas, especialmente las de Ipanema y Copacabana. Entre éstas hay una piedra llamada Arpoador, una pequeña península que se extiende hacia el mar. A su alrededor encontrará surfers, pescadores, enamorados y turistas. Y casi todas las tardes soleadas durante mi estadía en Río me encontraba allí, con un libro en mano, esperando el maravilloso atardecer.
    Comentarios a deviaje@elnuevodia.com
    Favoritos de la ciudad
    Una velada de samba en el Clube dos Democraticos, en el barrio Lapa, en pleno renacimiento. Dirección: Rua do Riachuelo, #91, barrio LapaMetro: CinelandiaTeléfono: (55) 21 2252-4611
    Un helado en la Confeitaria Colombo, en el caótico centro de la ciudad. Y aunque usted no tenga antojos vale la pena visitarla para apreciar su arquitectura portuguesa.Dirección: Gonçalves Dias, #34, barrio CentroMetro: CinelandiaTeléfono: (55) 21 2232-2300
    Ver un partido en el estadio de fútbol MaracanãDirección: Calle Professor Eurico Rabelo, en el barrio São CristovãoMetro: São Cristovão